miércoles, 26 de mayo de 2010

LA GRATA EXPERIENCIA DE PRESENTAR UN LIBRO


Para quienes practicamos la escritura, el acto de presentar alguno de nuestros libros es uno de las mejores satisfacciones que podemos vivir.

Atrás quedaron los enormes esfuerzos que supone buscar datos, seleccionarlos, pasar horas interminables delante del ordenador para escribir lo mejor posible, las incertidumbres del repaso del texto, los contactos con editoriales, la firma del contrato de edición, la corrección de pruebas de imprenta, las preocupaciones por ver cómo quedó el libro impreso y tantas otras vivencias que supone poner una obra a disposición de nuestros lectores.

Una vez editado el libro, tras haber sido distribuido en las librerías, hay que darlo a conocer con los mejores medios que se disponga.

Las grandes editoriales se gastan enormes sumas de dinero en promocionar los libros que editan: campañas de TV, viajes pagados a los autores a ciudades importantes para hacer ruedas de prensa, carteles lujosos situados en las mejores librerías y los centros comerciales… En cambio las pequeñas editoriales, deben valerse de otros recursos menos ambiciosos y procuran, en colaboración con el autor, hacer cuanto está en sus manos para que el libro publicado funcione en un mercado tan complicado y competitivo con el del libro.

Uno de los recursos empleados, tanto por las grandes editoriales como por las pequeñas, es organizar un acto importante para presentar la obra.

Para ello hay que elegir unos presentadores, algo que suele hacer el autor, y también disponer de un local apropiado.

Luego habrá que enviar invitaciones, procurar que los medios de comunicación se hagan eco del acto organizado y tantas otras acciones que sumadas al hecho de escribir y de publicar (con el consiguiente riesgo económico) y promoverlo, suponen muchísimas horas de trabajo, impagables, sobre todo para el autor.

He vivido esas experiencias muchas veces. Mis libros siempre se han presentado en lugares sevillanos espléndidos: La Casa de Pilatos, el salón del Circulo Mercantil, el salón de la Cámara de Comercio y sobre todo en la Iglesia de San Esteban, templo del siglo XIV, de estilo gótico mudéjar, al cual estoy muy vinculado por diversas razones, donde se conservan cuadros del pintor Zurbarán u otras obras de arte.

Ayer, día 25, acompañado de mis amigos, los escritores Emilio Carrillo y Nicolás Salas, y de mi editor José María Toro, contando además con la bienvenida del ejemplar sacerdote y entrañable amigo don José Robles Gómez y con la asistencia de numeroso publico que llenaba los bancos de madera alli existentes, presentamos mi nueva obra titulada SEVILLA EN LA HISTORIA Y LA LEYENDA.

Fue un hermoso acto que me hizo feliz y me compensó de los esfuerzos que durante varios años realicé para dar forma a mi nueva criatura literaria.

Los presentadores acertaron, en sus parlamentos, a situar adecuadamente al libro en el sitio que debe acogerlo el lector y el público tuvo la gentileza de ofrecerme la oportunidad de hablarle mientras les firmaba una buena cantidad de ejemplares.

Antes de la presentación en san Esteban, me hicieron entrevistas en una emisora de TV, otra de radio, me llamaron de las Agencias Europa Press y Efe, y mi nombre y el del libro fueron mencionados en la prensa sevillana.

Hoy, ya más tranquilo de esa pequeña vorágine, deseo dar la gracias a cuantas personas me han apoyado en este evento.

Tras vivir ayer tan gratas emociones, he vuelto a mi lugar de trabajo con una renovada ilusión y me he puesto de nuevo a escribir, como si nada hubiera ocurrido.

El libro presentado ayer ya forma parte de lo vivido y, como la vida sigue su curso, miro al futuro confiando en que los proyectos que tengo en mi mente vean la luz lo antes posible.

Ser escritor para mi es una vocación y ahora comenzaré un nuevo ciclo, de pasar horas y horas escribiendo, para cuando tenga terminado mi próximo libro volver a vivir semejantes emociones a las que ayer tuve.

martes, 11 de mayo de 2010

LA “ORDEN MENDICANTE” DE LOS ESCRITORES Y LA APARICIÓN DE MI NUEVO LIBRO: SEVILLA EN LA HISTORIA Y LA LEYENDA


El poeta mexicano y ultimo premio Cervantes, José Emilio Pacheco, dijo recientemente en Alcalá de Henares, delante de los Reyes de España, que los escritores pertenecemos a una “orden mendicante”. Estoy de acuerdo con esa apreciación.

Escribir un libro supone un fenomenal esfuerzo que los posibles lectores no tienen obligación de apreciar, pues sólo el resultado final les importa. Quien se mete en la aventura de escribir debe resignarse a soportar todos los inconvenientes de ejercer este oficio, que son muchos, pues un escritor se puede llevar dias, semanas, meses y a veces años pariendo un libro, sin que en muchos casos sepa si se va a publicar o si acabará en el famoso cajón que guarda lo escrito y luego postergado por diversas circunstancias.

Decia Larra que escribir en España no es llorar, es morir. En una web de Internet se puede leer: Rosa Chacel tuvo que pedir ayuda a su hijo. Gabriel Celaya pasó bastantes apuros en sus últimos años. Y estos escritores eran conocidos. La lista de quienes no lo son tanto es interminable. Algunos lo han pasado mejor por su situación social.

Existen, pues, muchos testimonios de las peripecias vividas por los creadores literarios. Uno, cuando escribe, sueña con publicar lo escrito, pues desea comunicarse con los demás y tener éxíto, pero cuando se termina de escribir una obra vienen las dificultades. Hay que encontrar un editor y luego vivir una serie de peripecias para dar a conocer el libro. En ambas circunstancias el escritor sufre, pues las editoriales suelen poner condiciones draconianas a los autores, después la ley del mercado se impone, los libreros tienen que vender y sitúan en sus mesas de novedades los libros que les hagan ganar dinero, algo lógico desde un punto de vista material, pero fulminantemente descorazonador para las autores poco conocidos.

He vivido en varias ocasiones tal situación y sólo mis libros sobre Sevilla lograron supervivir varios meses en esas mesas repletas de “flores de un dia”. Esto me hace pensar que debería dedicarme sólo a escribir sobre temas sevillanos, pero mi vocación literaria es una vocación con deseos de universalidad, lo prueban mis novelas La Andaluciada y La Mágica Pelliza de Carlos Marx, donde lo localista está envuelto en temas universales. Amo profundamente a Sevilla, pero no deseo que ella cope toda mi producción. Sin embargo, sólo tengo cierto éxito cuando es Sevilla la protagonista de mis libros. Mis novelas tiene buenas críticas, pero apenas se venden. Sueño con ser un escritor famoso sin conseguirlo. Ante tales diyuntivas, he decidido ser realista y no sufrir más por los resultados económicos de mis obras.

Tengo claro que escribir para mi es algo esencial. Desde niño he querido ser escritor y he luchado y lucho a diario por superarme, sabiendo de antemano que no dispongo de armas suficientes para vencer en esta batalla constante conmigo mismo y con las circunstancias que me rodean.

No me siento valorado, a veces se me discrimina en ciertos ámbitos literarios, donde tantos buenos amigos tengo. Sin embargo, debo comprender que otros escritores son más importantes que yo, por eso los tienen en cuenta, y por tanto debo seguir luchando hasta el final de mis días para que como decía el poeta Blas de Otero: “Si me muero, que sepan que he vivido”.

Dispongo de una gran imaginación y mi eterno deseo por aprender lo adopté de mi admirado Jorge Luis Borges, universalista nato. Además, tengo mucha fuerza de voluntad y pongo todas mis energías cuando me empeño en algo. Estas son las bases para construir mi edificio literario.

Fruto de ellas es mi nuevo libro, titulado SEVILLA EN LA HISTORIA Y LA LEYENDA (pulse para ver reseña y fotografía), donde de nuevo mi ciudad-novia aparece como protagonista en los 44 capítulos que contiene. Lo ha editado Guadalturia y se presentará el próximo día 25 de mayo, martes, a las 20,30 horas, en la sevillana iglesia de San Esteban, calle san Esteban 7, acompañándome como presentadores mis amigos Emilio Carrillo y Nicolás Salas. Esta obra se lee con facilidad, es muy amena por su contenido, tiene muchas imágenes y espero guste a mis lectores y especialmente a todos los sevillanos, que son sus principales destinatarios. Desde aquí invito a los lectores y las lectoras de este blog a que asistan a esa presentación. Allí habrá ejemplares y podré dedicárselos.

Mientras tanto, sigo escribiendo la segunda parte de LA ANDALUCIADA. Es un proyecto absorbente y muy complejo de estructurar al tener que esgrimir unos cinco mil nombres de lugares, dioses, faunos, gigantes, etc. Y todo eso lo hago guiado por la utopía de intentar que Andalucía tenga escrita una epopeya. No soy Homero, quien dio identidad al pueblo griego con La Odisea y La Iliada, ni tampoco Virgilio que con su Eneida (salvada in extremis por César Augusto, pues iba a ser destruida por su autor) fundamentó literariamente a la Roma de los césares, pero nadie en España se ha atrevido a emprender un proyecto literario semejante al mío, a pesar de situarse aquí mitos antiguos muy importantes.

Me gustaría que LA ANDALUCIADA me diera la gloria y el triunfo, pero sé que no será así y mi pertenencia a la “orden mendicante” de los escritores no famosos me debe poner los pies sobre la tierra para no soñar con cuentos de lecheras, ni despeñarme desde las cumbres del desencanto.

De momento mi libro SEVILLA EN LA HISTORIA Y LA LEYENDA significa el presente más inmediato. Luego ya se verá.