viernes, 1 de enero de 2010

DOBLE CELEBRACIÓN DE FIN DE AÑO EN SANTA CRUZ DE TENERIFE




En una Web de información turística sobre Santa Cruz de Tenerife, se puede leer:

Es la capital de la Isla. Santa Cruz de Tenerife es una ciudad cosmopolita, alegre y luminosa. Abierta al mar, llena de atractivos y con un marcado carácter isleño, la ciudad invita al paseo y a la relajación por sus ramblas y calles peatonales. Santa Cruz es, ante todo, una ciudad viva, con una gran actividad cultural y de ocio y un centro comercial de calles peatonales en el que ir de compras se convierte en un verdadero placer.

Tan acertada descripción de la ciudad donde desde hace tres años vengo con cierta frecuencia, por motivos familiares, y celebro en ella la llegada del nuevo año, nos introduce en el conocimiento de esta urbe, donde se respira un ambiente tranquilo, disfrutándose de una temperatura ideal en estas fechas navideñas, lejos del frio y la lluvia que, según leo en los periódicos, impera en la mayoría de las ciudades de la Península, incluida mi amada Sevilla, cuya vida diaria sigo mediante visitas a las ediciones digitales de los medios de comunicación sevillanos. Aquí, uno puede dormir sin edredones u otra ropa de abrigo. Una sábana suele bastar para cubrirnos durante las nocturnas horas sueño.

Resido en el centro de la ciudad, cerca de la hermosa Plaza del Príncipe. En el centro de tan hermoso espacio urbano, se encuentra el cuidado parque que contiene un gran quiosco para en su interior celebrar conciertos de música, u otros destacados eventos a lo largo del año, especialmente durante el carnaval tinerfeño, un impresionante acontecimiento que tuve la ocasión de disfrutar durante mi estancia del pasado mes de febrero. Niños con sus padres, hombres y mujeres de todas las edades tomando aperitivos en veladores al aire libre, o diferentes tipos de personas en cuyos rostros se adivina el pasado guanche de esta isla, forman un variopinto mosaico humano que se complementa con la amabilidad de los tinerfeños y tinerfeñas hacia quienes allí coinciden para disfrutar del entorno.

No lejos de la Plaza del Príncipe se encuentran los principales espacios comerciales del centro histórico, como las calles La Rosa, San José y otras vías donde la gente pasea, ve escaparates o compra en las numerosas tiendas existentes. Una de esas calles es cuesta abajo y conduce al puerto, pudiéndose ver atracado el ferri que conduce a Gran Canaria, o la monumental Plaza de España, con su gran fuente en medio y sus edificios emblemáticos.

Otra calle aledaña a la Plaza del Príncipe nos lleva al puente extendido sobre un barranco que, en épocas lluviosas, conduce hacia el mar a los torrentes de agua formados en las montañas del norte de la isla. Si atravesamos ese puente, durante las mañanas, podemos entrar en el mercado de abastos, limpio y repleto de frutas -algunas tropicales-, pescado u otros productos comestibles, pero los más interesante es fijarse en las personas. Siempre que viajo suelo darme una vuelta por los mercados de la ciudades que visito, pues son un fiel escaparate de la idiosincrasia de sus habitantes. El mercado de Santa Cruz de Tenerife está muy bien situado y es fácil de encontrar para cualquier turista que desee conocerlo En la acera de frente, alineado con el barranco, se ha construido un centro cultural de primer orden, con biblioteca, salas de exposiciones y otros servicios que permiten sentirse a gusto mientras se lee periódicos, libros, o se accede gratis a Internet. Allí acudo con frecuencia cuanto estoy en Santa Cruz y soy socio con carnet para conseguir cualquier información que me interese obtener estando fuera de casa.

Una de las peculiaridades más curiosas que se puede experimentar cuando se viene a las Canarias en estas fechas tan señaladas, es la de poder celebrar dos veces la entrada de un mismo año en un solo día, gracias a la diferencia horaria entre las Islas y la Península. Eso me ocurrió anoche, pues primero, a través de la primera cadena de Televisión Española, cené y comí en familia las tradicionales doce uvas. Una hora más tarde, doce truenos, como si tratara de un reloj que daba sus campanadas, colmaron de estrépito a toda Santa Cruz para anunciar la llegada aquí del nuevo año 2010, llenándose a continuación el cielo con las luces y el ruido que produjo una larga sesión de fuegos artificiales. Ese intervalo de tiempo es como si se estuviera a caballo entre una etapa ya fenecida en el habitual lugar de residencia, como en mi casi es Sevilla, y otra etapa que nace al unísono a muchos kilómetros de distancia para alargar una hora más lo que se ha vivido a lo largo del año 2009, como si éste se resistiera a morir del todo y deseara prolongarse en el espacio de nuestras vidas, todo lo cual nos lleva a pensar en la relatividad del tiempo, haciéndonos comprender que éste sólo es un etéreo concepto sobre cual aplicamos normas para organizarnos o medir mejor su paso por nuestra existencia.

Dentro de unos días dejaré Santa Cruz de Tenerife para regresar a Sevilla. Allí me espera mucho trabajo relacionado con un nuevo libro que posiblemente se publicara en el próximo mes de febrero. Aquí dejaré a personas que amo intensamente y que me harán volver para de nuevo disfrutar de su compañía, a la par que me permiten reencontrarme con esta ciudad. Pero eso es futuro y ahora, en este primer día del año nuevo, sólo deseo sumergirme en el presente, para vivir cada minuto de este momento, de este instante que mañana ya será pasado y que formará parte de mi memoria como un recuerdo agradable. y difícil de olvidar.

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