miércoles, 6 de enero de 2010

REGRESO A SEVILLA CON LOS REYES MAGOS DE FONDO



El pasado 21 de diciembre viajé a Tenerife para pasar las navidades en familia y ayer, día 5, regresé a Sevilla. De camino hacia mi domicilio, vi la Cabalgata de los Reyes Magos que sirvió de telón de fondo al reencuentro con mi ciudad-novia. Sevilla vibra cada años ante el paso de unos personajes mágicos, capaces de volvernos niños o de revivir ilusiones a su paso. Representan una ficción, pero los admitimos como una realidad necesaria para nuestro imaginario colectivo.

La primera semana de mi estancia en Santa Cruz de Tenerife, la dediqué, en los ratos libres, a leer la tercera parte de la serie Milenium, titulada, La reina en el palacio de las corrientes de aire, por lo cual estuve varios días sin escribir en este blog, pues de nuevo me atraparon los mismos personajes novelescos de los que hablé en la entrada del 18 de noviembre del 2009. Con Lisbeth Salander, Mikel Blowiski y compañía estuve hasta la misma tarde noche del 31 de diciembre, ya que me no quise terminar el año sin haberme metido sus historias entre pecho y espalda, para así dejarlos incorporados a mi cultura literaria. Ha merecido la pena leer uno de los libros más vendidos en los últimos años. Lisbeth Salander, fumadora, haker, inteligentísima, bisexual y punki, se ha convertido en una heroína que defiende a las mujeres y lucha contra la corrupción, mientras al mismo tiempo es capaz de vencer a su padre Zalachenko, volverse millonaria o desenterrarse ella solita de una sepultura. Le digo adiós con afecto y le agradezco lo momentos de entretenimiento que me ha proporcionado.

Las visitas a las bellas ciudades tinerfeñas de La Orotava, donde ví un monumental Belén ocupando la extensa plaza situada frente a su Ayuntamiento; o al Puerto de la Cruz, con su ambiente cosmopolita proporcionado por miles de turistas mientras el Teide se alza a lo lejos, me permitieron completar las experiencias vividas en la capital de la isla de Tenerife, algunas de cuales han quedado plasmadas aquí.

Volver a casa tras un viaje siempre es una experiencia que incluye dejar atrás aquello que motivó el traslado, con las imágenes y los detalles vividos en lugares donde se estuvo ya grabados en la memoria, para reincorporarse a la cotidianidad. Nada más llegar a nuestra ciudad de residencia se descubre un ambiente distinto al impreso en nuestras retinas en los días precedentes y, durante unos momentos, necesitamos adaptar nuestro reloj vital a un nuevo entorno, ya conocido y a la par olvidado durante un tiempo. Luego, tras abrir la puerta para entrar en nuestra vivienda, nos invade ese característico olor a piso cerrado y, mientras dejamos la maleta en algún sitio, instintivamente nos fijamos en ventanas, puertas, muebles y demás enseres para comprobar que todo sigue igual a como estaba antes de partir.

Deshacer el equipaje, llevar la ropa sucia a la lavadora y depositar lo traído en su sitio de siempre serán también tareas necesarias. Mirar la correspondencia depositada en los buzones del portal o en nuestras direcciones de correo electrónico, completara el ciclo de la vuelta y nos dejará definitivamente instalados en todo cuanto queremos u usamos a diario. Eso nos produce una íntima satisfacción y para nuestros adentros decimos: ¡Qué bien se está en casa!

Anoche, antes de acostarme, como hacía cuando era niño, puse mis zapatos en una ventana y esta mañana comprobé que los Reyes Magos me han traído un nuevo ordenador de tamaño pequeño, ligero de peso, potente y fácil de llevar en el equipaje. Ya tengo equipo informático para escribir durante mis próximos desplazamientos y pasado mañana me lo llevaré a Madrid, donde estaré hasta le próximo domingo día 10. Después de un nuevo regreso a casa me espera mucho trabajo relacionado con el nuevo libro que espero ver pronto en las librerías, pero de eso ya informaré y ahora sólo me queda dar las gracias a esos personajes mágicos que me dejado tan bien servido con imaginario su regalo.

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